Syrtis Major

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Honorio, visto por el nieto de Bustos y el nieto de la Domecq

—¿Qué es lo que más les gusta de Bustos Domecq?

—Su fondo claramente argentino. Es, digamos, un buen ejemplo del porteño: tiene todos los prejuicios, la picardía, las deslealtades, las pobrezas y también las ternuras del porteño.

—Sin embargo, Bustos Domecq no es porteño…

—No. Es santafecino. Su ciudad natal es Pujato. Pero vivió siempre en Buenos Aires.

—¿Dónde?

—Por el Oeste. Exactamente en el barrio Concepción.

—¿Y qué es lo que menos les gusta de él?

—A medida que pasa el tiempo le vamos encontrando más defectos. El más grave, creemos, es que no tiene ningún inconveniente en cambiar de lealtades. Es decir, que está dispuesto a cambiar su esencia, si la moda lo exige.

—¿Y los otros defectos menos graves?

—Es ventajero, egoísta, tránsfuga, mentiroso, fanfarrón, casanova barato. Cuando un amigo cae en desgracia, lo desprecia. Cuando le va bien, se acerca. Es exitista. Habla mal de los otros; no es un ejemplo de lealtad, precisamente.

—¿Por qué lo eligieron, entonces?

—Porque él encauza nuestro descontento con algunas situaciones argentinas. Con las supersticiones y defectos de los argentinos.

—¿Físicamente cómo es? ¿Tiene atractivos?

—Tiene sesenta años. Es gordo y hasta panzón. Mide 1,75 metros. Pesa 82 kilos.

—¿Se viste bien?

—Está siempre vestido de gris oscuro. Si alguna vez usted lo llega a ver vestido de marrón, es porque le vendieron —o le dieron— un traje equivocado. Lleva siempre chaleco. Un chaleco gastado.

—¿Usa anillo?

—Sí. Un anillo de oro en el dedo chico.

—¿Trabaja?

—En una oficina pública.

—¿Cuál?

—Ahora creemos que está en la Dirección General Impositiva.

—¿Tiene ideas políticas definidas?

—En ese sentido es muy tradicionalista. Muy antiguo. Es de los que creen que el espectro político del país se agota entre los radicales y los conservadores. Posiblemente haya votado siempre por los radicales.

—¿Qué lee Bustos Domecq?

—Lee muy poco. Pero siempre dice que ha leído algún libro, para quedar bien. Para “palpar la realidad argentina”, como diría él. A menudo comenta, por ejemplo, que su libro de cabecera es La cabeza de Goliat de Martínez Estrada.

—¿Está casado Bustos Domecq?

—Nunca dijo nada. Pero averiguamos que está casado con una señora espantosa y gorda, que lo considera un intelectual raro, al que no puede seguir en sus meditaciones.

—¿Tiene hijos?

—No. En realidad, no es muy arraigado su sentido de hogar.

—¿De qué hablan cuando se encuentran?

—Hablamos del tiempo. Y de la carestía de la vida. Se queja mucho de la inflación. También nos cuenta, reiteradamente, su último veraneo en Mar del Plata.

—¿Dónde se encuentran?

—Generalmente nos citamos en un café que está en Corrientes, entre San Martín y Reconquista. Muchas veces tratamos de llevarlo a “La Fragata”, pero siempre se negó. Detesta las confíterías: prefiere los cafés.

—¿Creen ustedes que tiene éxito con las mujeres?

—Sí, un relativo éxito. Acostumbra a hacerles regalos, pero como está convencido de su encanto personal, se enojaría mucho si alguien pensara que les hace regalos a las mujeres para comprarlas.

—¿Va al cine?

—A veces. Le gustan las películas americanas de guerra.

—¿Las de amor no?

—El tiene un romanticismo periférico. Llora mucho en el cine. Las películas de amor le gustan, siempre que no sean demasiado sentimentales.

—¿Qué actriz le gusta o le gustó?

—Siempre estuvo perdidamente enamorado de Gloria Guzmán. En ese sentido es también conservador. No obstante, suele estar en las puertas de los teatros de revista cuando salen las coristas.

—¿Va a vivir muchos años H. Bustos Domecq?

J.L.B.: Para mí, no. Para mí ya es un extinto.

A.B.C.: A mí me gustaría que viviera mucho tiempo.

—¿Y Bustos Domecq qué opina sobre este particular?

—Nunca hablamos con él de este tema..El jamás piensa en la muerte.

* * *

Entrevista con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, de Renee Sallas en: Gente, Buenos Aires, 11 de agosto de 1977. Tomada de aquí.


(Source: nadaquever)

“El apotecario tachó varias veces el título del ensayo atrofiado y comenzó a desarrollar una idea que venía persiguiéndolo ya desde hacía mucho tiempo, sin haber encontrado la oportunidad de atraparlo en un rincón. Semejante a la osa quel ame a sus cachorros informes hasta darles el aspecto deseado, el apotecario modelaba sus discursos amorosamente, dedicándoles toda la sabiduría, la destreza y la pasión acumuladas en décadas: entregando cuerpo y alma, íntegros, a su oficio. Nada le honraba más que percibir en el oyente las reacciones que había querido provocarle, nada le garantizaba mejor descanso nocturno (pues el insomnio, cuervo guardián de los espíritus melancólicos, venía a rondarlo con frecuencia). Pasaron dos horas arduas, pulidas y esmaltadas con prisa y, al sonar las tres, el apotecario contempló su nueva obra, exhausto pero satisfecho: una estratégica diatriba contra los coleccionistas de libros, raza que había ganado en repetidas ocasiones la condenación serena de Don”

Escorpión.

El cambio no fue inmediato. Al principio paría bebés bala que crecerían hasta ser los hombresbala de bien que deberían ser en los próximos años. Los hombres balas del pasadosoñadomañana. Al principio no hubo mayores variación del genero, de la especie; ni mucho menos la ya característica separación de las cejas. Pero tarde ella se fue a enterar; que de pronto un día le chispearon a brotar hombresconejo, o gentiles rapsodas con monóculos, o jirafas del bigote; algo nuevo y diferente cada vez. Le chorreaban después, ahora y de modo imparable, tanto caricias que gimen como ora profesiones y acetatos;  . Los recuerdos de los bebés bala, con lo que comenzó, era un lejano recuerdo ahora.
Despertaba solo para constatar que seguía ahí, pues era ya sabido que cuando se asomaba a ver la hendidura, se le antojaba tan terrible y magnética que de pronto se tornaba discursiva; En el bobo asombro seguía, y no hubiese desperetado si no fuera por la curiosidad de limpiar con los ojos el desfile que se inició desde el túnel indicado, donde salían una a una, en orden militomilitar, carrocerías y brigadas completas, con todo y sus lugartenientes.

espop:

El sueño de la mujer del pescador, por Masami Teraoka.Visto en Japonisme.

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Visto en Japonisme.